DESAFIANDO LOS MITOS DEL DIÁLOGO: hacia una práctica auténtica de construcción de paz

Por Rubén Mendoza1

Foto de capa: Athena Sandrini

Desde mi experiencia como conciliador, mediador y negociador considero que existen algunos mitos sobre el diálogo instalados en cada uno de nosotros, que se afianzan y consolidan en función del rol y del poder que tenemos. Podría atreverme a decir: a más poder, menos conciencia y voluntad para vivir procesos de diálogo.

En este marco, señalaré algunos de estos mitos:

  1. Somos expertos en diálogo sólo por la posibilidad de hablar.
  2. El otro me comprende porque tiene el mismo lenguaje.
  3. El diálogo no implica responsabilidad.
  4. Dialogar no implica una ética con el proceso ni con el otro.
  5. Para dialogar no hay necesidad de profundizar.
  6. El poder no tiene ninguna relación con el diálogo.
  7. El diálogo tiene que ser formal.

Sobre estos mitos puedo decir:

Mito 1: somos expertos en diálogo sólo por la posibilidad de hablar

El diálogo va más allá de la mera capacidad de hablar: implica más que simplemente emitir palabras. Requiere habilidades como escuchar activamente, comprender perspectivas diferentes a la propia, manejar conflictos de manera constructiva y co-crear soluciones.

El diálogo efectivo requiere práctica y capacidades específicas. Dialogar implica desarrollar habilidades de comunicación interpersonal, empatía, gestión de conflictos y de facilitación de procesos, que no se adquieren automáticamente con la capacidad de hablar, sino que requieren práctica y aprendizaje activo.

La calidad del diálogo tampoco está determinada únicamente por la capacidad de hablar. Incluso alguien que habla con fluidez no necesariamente es un buen practicante del diálogo si carece de habilidades como la escucha empática, la apertura a nuevas ideas y la capacidad de trabajar colaborativamente con otros.

Foto de Christina Morillo

Mito 2: el otro me comprende porque tiene el mismo lenguaje

Aunque dos personas puedan hablar el mismo idioma, sus experiencias culturales, antecedentes y marcos de referencia pueden diferir considerablemente. Por lo tanto, simplemente compartir el mismo idioma no garantiza una comprensión mutua completa, ya que las palabras pueden tener significados diferentes para cada individuo según su contexto cultural y experiencia personal.

Aun si dos personas comparten el mismo idioma, pueden tener diferentes habilidades de comunicación, incluida la capacidad para expresar sus pensamientos de manera clara y efectiva, así como para interpretar las comunicaciones del otro con precisión. Esto puede dificultar la comprensión mutua, al igual que los diferentes estilos de comunicación, preferencias y normas culturales que afectan cómo expresan sus ideas y cómo interpretan las comunicaciones de los demás.

La comunicación no verbal y el contexto desempeñan un papel importante en la comprensión mutua. Estos elementos pueden variar entre individuos y culturas, lo que significa que la comprensión mutua no se garantiza simplemente por compartir el mismo idioma verbal.

Mito 3: el diálogo no implica responsabilidad

El diálogo auténtico implica reconocer la humanidad y la dignidad del otro, lo que lleva a asumir la responsabilidad por nuestras palabras y acciones hacia esa persona. Esto significa tratar al otro con respeto, empatía y consideración, y estar dispuesto a escuchar sus perspectivas y preocupaciones.

Nuestras palabras y acciones tienen un impacto en los demás. Ser responsables en el diálogo implica ser conscientes del impacto de nuestras palabras y acciones en los demás, y estar dispuestos a tomar medidas para rectificar cualquier daño causado.

El diálogo, a menudo, se utiliza como un medio para abordar problemas y conflictos y encontrar soluciones sostenibles. Ser responsables en el diálogo implica comprometerse en la co-creación de soluciones que aborden las necesidades y preocupaciones de todas las partes involucradas, en lugar de imponer soluciones unilaterales o ignorar las perspectivas de otros. El diálogo no solo implica responsabilidad hacia los individuos con los que interactuamos directamente, sino también hacia la comunidad en su conjunto. Ser responsables en el diálogo requiere considerar el bienestar y los intereses de los sistemas afectados en nuestras interacciones y decisiones.

Foto de Ketut Subiyanto

Mito 4: dialogar no implica una ética con el proceso ni con el otro

Dialogar implica un compromiso ético con el proceso mismo; es asegurarse de que el diálogo se lleve a cabo de manera justa, inclusiva y respetuosa. Esto incluye establecer normas de comportamiento, fomentar un ambiente de apertura y confianza, y garantizar que todas las partes tengan la oportunidad de expresar sus puntos de vista y ser escuchadas.

También implica un respeto ético hacia los demás participantes, es decir, escuchar activamente, mostrar empatía, considerar sus perspectivas con seriedad y tratar a todos los participantes con dignidad y respeto, incluso si no estamos de acuerdo con ellos.

El diálogo además supone una ética de la responsabilidad hacia el otro y hacia el proceso. Esto implica asumir la responsabilidad por nuestras palabras y acciones, ser conscientes del impacto que pueden tener en los demás y estar dispuestos a rectificar cualquier daño causado durante el proceso de diálogo.

Asimismo, el diálogo acarrea una ética de la co-creación, donde las partes colaboran para encontrar soluciones mutuamente aceptables y constructivas. Implica estar abierto a nuevas ideas, comprometerse en la

búsqueda de soluciones creativas y trabajar juntos para alcanzar un acuerdo que beneficie a todas las partes involucradas.

Mito 5: para dialogar no hay necesidad de profundizar

Dialogar va más allá de simplemente intercambiar palabras; implica sumergirse en la experiencia subyacente de las personas involucradas. Esto significa estar presente no solo a nivel superficial de las palabras habladas, sino también a nivel de las emociones, las sensaciones corporales y las energías sutiles que están en juego en la interacción. Al profundizar en el diálogo de esta manera, los participantes pueden conectarse más íntimamente con las experiencias y perspectivas de los demás, lo que facilita una comprensión más profunda y empática. Esta inmersión en la experiencia subyacente permite que el diálogo sea más auténtico, significativo y transformador.

La profundización en el diálogo es esencial para el desarrollo de relaciones significativas entre los participantes. Al adentrarse en temas importantes y personales, se establece una conexión más profunda y se fomentan la confianza y la empatía.

Profundizar en el diálogo puede facilitar la identificación de soluciones creativas e innovadoras a problemas complejos. Al explorar diferentes perspectivas y considerar múltiples opciones, los participantes pueden encontrar soluciones que no habrían surgido en discusiones superficiales.

El diálogo puede tener un impacto transformador tanto a nivel personal como social. Al reflexionar sobre temas importantes y cuestionar suposiciones arraigadas, los participantes pueden experimentar un crecimiento personal y desarrollar una mayor conciencia de sí mismos y del mundo que los rodea.

Mito 6: el poder no tiene ninguna relación con el diálogo

En muchos casos, el poder desempeña un papel significativo en las interacciones para dialogar. Las personas con más poder pueden influir en la dinámica del diálogo, controlar la agenda o dominar la conversación, lo que

puede obstaculizar la participación equitativa y la apertura en el intercambio de ideas.

El poder puede afectar la forma en que las personas se comunican entre sí durante el diálogo. Aquellos con más poder pueden sentirse más inclinados a imponer sus puntos de vista o a hablar de manera dominante, lo que puede intimidar a otros y dificultar la expresión honesta de opiniones divergentes.

En contextos donde el poder está desequilibrado, las decisiones tomadas a través del diálogo pueden verse afectadas por las agendas ocultas o los intereses de quienes tienen más poder. Esto puede socavar la legitimidad y la eficacia de los procesos de toma de decisiones basados en el diálogo.

Para que el diálogo sea genuino y constructivo, es importante abordar las dinámicas de poder y crear un entorno en el que todas las voces sean valoradas y respetadas por igual. Esto puede implicar la necesidad de establecer normas claras de participación, promover la inclusión de perspectivas diversas y trabajar para mitigar cualquier desequilibrio de poder presente en el proceso.

Foto de Marcus Aurelius

Mito 7: el diálogo tiene que ser formal

El diálogo efectivo no está limitado por estructuras rígidas o formales. De hecho, la flexibilidad en la comunicación es fundamental para adaptarse a las necesidades y dinámicas cambiantes de los participantes y del contexto.

El diálogo auténtico fomenta la expresión genuina y libre de las personas, permitiendo que compartan sus pensamientos, sentimientos y preocupaciones de manera abierta y sin restricciones. Esto puede incluir un lenguaje informal y expresiones emocionales, lo que facilita una comunicación más sincera y significativa.

Las estructuras rígidas o formales pueden inhibir la participación inclusiva al hacer que algunas personas se sientan excluidas o limitadas en su capacidad para expresarse. Al adoptar un enfoque más flexible y abierto al diálogo, se fomenta la participación de todas las voces y se promueve un sentido de pertenencia y colaboración.

El diálogo efectivo requiere la capacidad de adaptarse a diversas situaciones y contextos, lo que puede implicar la adopción de estilos de comunicación más informales o formales, según sea apropiado. La capacidad de cambiar el tono y el estilo de la comunicación en función de las necesidades del momento es fundamental para mantener la eficacia del diálogo.

BIBLIOGRAFÍA

  • Adam Kahane, “Soluciones poderosas: Cómo construir consenso en grupos divergentes” (2010, Berrett-Koehler Publishers).
  • Arnold   Mindell,   “Proceso    de    diálogo:    Aprender   a    través    de    la conversación y la comunicación” (1995, Lao Tse Press).
  • Arnold Mindell, “Sentados en el fuego, como transformar grandes grupos mediante el conflicto y la diversidad (2014 Deep Democracy Excange)
  • Jürgen Habermas, “Teoría de la acción comunicativa: complementos y estudios previos” (1981, Beacon Press).
  • Martin Buber, “Yo y Tú” (1923, Charles Scribner’s Sons).

1 Ruben Mendoza é Boliviano, Mediador, conciliador, negociador especializado.

Ruben tem interesse em desenvolver, no Brasil, capacitação e formação para pessoas que trabalham com gestão de conflitos e Organizações Não Governamentais que Trabalham com migrantes. Entre em contato e converse com Ruben pelo whats app +591 72185098 ou pelo e-mail: remaphn@kellyzarbhotmail.com

Um comentário

Deixe uma resposta